Australia es tan grande y diversa que es capaz cumplir las fantasías de cualquier viajero. Tiene industria turística muy desarrollada que se adapta bien a todos los bolsillos. Dentro de su variedad, su geografía hará las delicias de los amantes de la naturaleza y de la aventura, y sus ciudades, especialmente Sydney y Melbourne, serán capaces de satisfacer a los más exigentes aficionados al turismo urbano y cultural.

Lo más importante antes de lanzarse a la aventura es recordar que Australia es enorme, un continente en sí mismo, y que es crucial planear bien las distancias y los tiempos. También la época para viajar: hay que recordar que las estaciones allí son exactamente opuestas a las europeas: el verano va de diciembre a febrero y el invierno de junio a agosto. Nuestro consejo: evitar, a ser posible, el mes de enero, pico absoluto de la temporada alta.

Sydney

La ciudad más poblada del país –la capital es Canberra– ofrece una inagotable cantidad de atractivos culturales y arquitectónicos. Supuerto es una verdadera belleza natural, uno de los más bonitos del mundo, todo el mundo conoce su fantástico edificio de la Ópera, uno de los edificios más famosos del mundo. Muy cerca se sitúa el bellísimo centro histórico, The Rock, donde se establecieron los primeros colonos británicos. Además, Sydney cuenta con una impresionante franja de playas entre las que destaca Bondi, de visita obligada. En resumen, una ciudad moderna, sofisticada y con una oferta amplísima de actividades.

A poco más de 50 kilómetros de la ciudad empieza la sierra de las Montañas Azules, un paraíso natural que es Patrimonio de la Humanidad y que en todos los viajes por esta zona debería incluirse.

Canberra

La capital del país no es a primera vista un destino tan estimulante como Sydney, pero sí ofrece suficientes atractivos como para merecer una visita, especialmente de los más aficionados al arte y la cultura. Desde los armoniosos edificios del arquitecto Walter Griffin hasta la enorme colección de artefactos coloniales e indígenas que guardan el Museo Nacional y la Galería Nacional de Australia.

Y yendo un poco hacia el Sur, el Parque Nacional Nadamgi ofrece montañas nevadas, espectaculares valles y una magnífica selección de arte rupestre aborigen.

Melbourne

Orgullosa de sus espacios verdes, su estilo de vida multicultural y su tradición deportiva, Melbourne es una ciudad tremendamente atractiva que recibe al viajero con los brazos abiertos. Ningún visitante debería perderse sus jardines botánicos ni dejar de acercarse al Melbourne Cricket Ground o al Melboure Park, auténtica meca del tenis, donde se disputa anualmente el Abierto de
Australia.

El outback

Casi toda la población australiana se concentra en las ciudades costeras, lo que deja el interior del país casi desierto. Es el outback, cuyo centro es conocido como “The Red Centre” o “El centro rojo”, por el característico color de su tierra. Y, realmente, las postales de horizontes sin fin, vastos desiertos de arena roja y misteriosos monolitos son tan características de Australia, y tan atractivas, como la Ópera de Sydney.

Lo mejor es visitarlo en primavera, después de la época de lluvias, desde la ciudad de Alice Springs. Desde allí se ofrecen todo tipo de actividades de aventura y visitas organizadas al desierto.

Ya que un viaje a Australia suele implicar unos trayectos larguísimos en avión, lo mejor es planificar un viaje largo, de unas dos semanas. En todo caso, disponiendo sólo de una semana puede organizarse un viaje muy atractivo basado en Sydney y con visitas a las cercanas Montañas Azules.

En dos semanas es posible hacer esto y unirle una visita al outback, visitando el santuario aborigen de Uluru y la ciudad de Alice Springs, con regreso de nuevo a Sydney. Los aficionados al submarinismo estarán tentados de añadir una visita al Noreste, a la Gran Barrera de Coral en las costas de Queensland.

Para visitar Australia es necesario, además del pasaporte, la posesión de un visado turístico que se puede solicitar electrónicamente.