El país más poblado del mundo, y uno de los más extensos, ofrece tantas posibilidades al viajero que casi le obliga a concentrarse en una de sus regiones. No es ningún problema: en cualquiera de ellas hay ciudades que aúnan historia milenaria y estimulante modernidad, una geografía que dibuja paisajes inolvidables, y una inagotable mezcla de culturas.

Pekín y Shanghai son las dos ciudades más importantes y ambas justifican el largo viaje y a su alrededor tienen suficientes atractivos turísticos como para no alejarse mucho en varios días. Pero en China hay mucho más que estas dos urbes: la historia de la ruta de la seda, la sobrecogedora región tibetana o las atractivos ciudades costeras del sur, como Hong Kong. Y entre ellas ríos, valles y montañas fascinantes.

Pekin

La capital del país es un destino obligado en cualquier viaje a China, y lo es porque a pesar de la modernización que viene experimentando en las últimas décadas, ha sabido conservar el sabor tradicional de sus calles y la épica grandeza de su pasado imperial: lugares como la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo o el Palacio de Verano forman parte del imaginario colectivo y son iconos turísticos a nivel mundial.

Fuera de la ciudad, pero a poca distancia, hay otra visita obligada: la Gran Muralla China.

Xian

Capital de China durante siglos, la ciudad de Xian es un destino obligado para los amantes del arte y de la historia. Mundialmente famoso es su Museo de los Guerreros de Terracota, pero la ciudad tiene mucho más que ofrecer: templos, palacios, pagodas y edificios que han sido testigos de la historia de China, y una vida urbana activa y llena de atractivos. Además, Xian es la partida de la histórica Ruta de la Seda.

Shanghai

Aunque no puede rivalizar en monumentos con Pekín o Xian, Shanghai no es menos estimulante que ninguna otra ciudad. La Perla de Oriente, comparada a menudo con París por su atmósfera elegante y su sensualidad, Shanghai es quizá la ciudad que mejor ilustra el desmesurado crecimiento de China en las últimas décadas, con una arquitectura vanguardista y una mezcla de tradición y modernidad que resulta siempre sugerente.

A poco menos de 200 kilómetros se encuentra Hangzhou, una ciudad verdaderamente atractiva donde se compaginan como en pocos lugares la belleza urbana y la paisajística. También cercana, la ciudad de Nanjing es centro político, económico y cultural de primer orden, una de las capitales históricas de China.

El Yangtze

En Shanghai desemboca el río más largado de China, el Yangtze, que es frecuentemente recorrido por cruceros turísticos. Quien quiera ver de cerca los típicos paisajes chinos de las terrazas de arroz, conocer de primero mano los mitos y leyendas del país y disfrutar de paisajes tan espectaculares como la Presa de las Tres Gargantas, no debería perdérselo.

Guangzhou, Hong Kong y Macao

La llamada “ciudad de las mil flores”, antiguamente conocida como Cantón, es otra ciudad riquísima en historia, que se manifiesta en los muchos monumentos que la adornan: el Templo del Clan Chen, el Templo de Seis Bayanos, el Salón Memorial de Sun Yat-sen, el Parque Yuexiu, la Colina de las Nubes Blancas son algunos ejemplos.

Capital del sur de China, en sus cercanías están otras dos grandes urbes: Hong Kong y Macao. Ambas impresionarán a los amantes de los paisajes urbanos, los rascacielos y la arquitectura de vanguardia.

Guilin

También en el Sur, Guilin es uno de los atractivos turísticos más visitados de China. Fundamentalmente por sus paisajes: sus columnas kársticas forman montañas que parecen imposibles y dibujan un panorama inolvidable. Un crucero por el río Li desde Guilin hasta el muelle de Yanghsuo es una de esas actividades casi obligadas.

El Tíbet

Al oeste del Himalaya se extiende la grandiosa, complicada y a veces inaccesible región del Tíbet, que por su tradición de independencia es prácticamente otro país dentro de China (tanto es así que hace falta un visado especial para visitarlo).

A pesar de las dificultades, merece mucho la pena. La merece por lugares como la zona de Jiuzhaigou, que combinan largos de un azul cristalino con cascadas, bosques y montañas nevadas, o el Palacio de Potala en Lhasa, que parece surgir de las propias montañas.

Los viajes a China conviene planificarlos bien, dadas las enormes distancias entre destinos. Nuestro consejo es que se reduzcan a uno de los destinos, con posibles salidas de un día, si se dispone de sólo una semana. Pekín y Shanghai son aquí las ganadoras, pues además de sus muchos atractivos urbanos ofrecen múltiples visitas en las cercanías. La otra posibilidad, menos frecuentada, es centrarse en el sur y visitar sus grandes urbes y preciosos paisajes.

Con dos semanas y un vuelo intermedio se pueden unir Pekín y Shanghai, o bien partir de Pekín hacia Xian y recorrer los caminos de la ruta de la seda. Es un viaje de enormes distancias pero con impresionantes premios: en la remota región de Xingjian hay paisajes sorprendentes que parecen de otro mundo.

Para entrar en China se requiere pasaporte con vigor de al menos seis meses y visado turístico, que se puede obtener en los consulados chinos de Madrid y Barcelona. El visado no es necesario si se viaja únicamente a Hong Kong o Macao. Por otra parte, para visitar la Región Autónoma del Tibet se requiere un visado especial.