Israel es un país moderno y occidental en la puerta del Oriente Medio, un destino normalmente asociado al turismo religioso pero que sin duda tiene mucho que ofrecer al viajero que busque cultura, arte e historia, playas y naturaleza.

Con una infraestructura turística de primer nivel y excelentes comunicaciones, es posible configurar todo tipo de itinerarios y visitar los principales atractivos sin invertir demasiado tiempo. Jerusalén es el destino número uno, pero conviene visitar también otros lugares: los más relacionados con la Tierra Santa, como Belén, ciudades históricas como Acre y modernas como Tel Aviv, o lugares de eminente interés natural y geográfico, como el Mar Muerto y el Desierto de el Negev

Jerusalén

Jerusalén es la capital de Israel y la razón por la que la mayoría de los viajeros deciden visitarlo. Es el corazón de Tierra Santa y una de las más importantes capitales religiosas del mundo, siendo, como es, lugar santo para el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.

Cualquier visita no puede dejar de acercarse al Muro de las Lamentaciones, la Vía Dolorosa, laIglesia del Santo Sepulcro y la Cúpula de la Roca. Tampoco Mea Shearim, el Museo del Holocausto o Nekhalat Shiva. Pero citar aquí todas las visitas recomendables en Jerusalén sería imposible: iglesias, sinagogas, mezquitas, restos romanos y bizantinos, murallas medievales, puertas, coloridos mercados y bazares… La oferta es interminable y lo mejor es dejarse sorprender paseando por sus milenarias calles.

A unos 9 km al Sur está Belén, localidad bien conocida por ser escenario –según los Evangelios de Lucas y Mateo– de la llegada al mundo de Jesús de Nazaret. Destacable para visitar es la Iglesia de la Natividad y la Gruta del Nacimiento, la Capilla de San Jerónimo y la de San José.

Tel Aviv

Combinar la visita a Jerusalén y a Tel Aviv en un mismo viaje, algo por otra parte de lo más recomendable, es como visitar dos mundos distintos. Si Jerusalén es una ciudad histórica y espiritual con ecos de Oriente Medio, Tel Aviv es una ciudad costera, mediterránea, y tremendamente moderna (tiene poco más de un siglo de antigüedad).

Cualquier visita a la ciudad debe incluir la visita Beit Hatfusot (el Museo del Pueblo Judío), el Museo de Arte de Tel Aviv y sus muchos edificios inspirados en la arquitectura de la Bauhaus. También sus muchos tiendas, restaurantes y clubes, que acogen una animada vida nocturna.

Siguiendo hacia el Norte la línea de la costa, es interesante visitar el puerto de Akko, con sus imponentes fortalezas de la época de las Cruzadas y con su fantástico centro histórico.

Acre

Pequeña ciudad portuaria cercana a Haifa, nombrada Patrimonio de la Humanidad, conserva un fabuloso patrimonio otomano (ciudadela fortificada, caravasares, baños y mezquitas) e importantes vestigios de las Cruzadas.

El Mar Muerto y el Negev

Uno de los grandes atractivos turísticos de Israel es el Mar Muerto, un mar interior con aguas altamente salinas que ofrece una experiencia verdaderamente única. La mayoría de las visitas se concentran en Ein Gedi, que ofrece una amplísima playa muy popular entre los bañistas, y una cercana reserva natural también del máximo interés. Y un poco más al Sur está Masada, una fortaleza construida por el rey Herodes.

Un viaje completo por los principales atractivos de Israel (incluyendo un pequeño tour por los territorios palestinos de Cisjordania) puede hacerse en dos semanas.
Si se dispone de menos tiempo es preferible concentrarse en Jerusalén y sus destinos más cercanos, que no son pocos.
Con más tiempo, entre tres y cuatro semanas, puede organizarse un tour más completo en torno a los principales destinos de la Tierra Santa: Haifa, Galilea, Jericó, Eliat, Petra, etc. Jordania es, de hecho, un destino perfectamente combinable con Israel.

Es necesario contar con un pasaporte, con una validez mínima de seis meses, contados a partir de la fecha prevista de salida de Israel. En caso contrario, las autoridades israelíes podrán denegar la entrada. El visado no es necesario para estancias de menos de tres meses (90 días).