Marruecos es un destino fascinante: su variada geografía (en un mismo día pueden visitarse cumbres nevadas y dunas de arena en el desierto), unida a su rica historia y su fabuloso patrimonio artístico convierten un viaje por este país en toda una experiencia. Son de ayuda su estupendo clima, siempre soleado, sus acogedoras ciudades y gentes, sus múltiples y siempre atractivas playas, y su generalmente muy buena infraestructura turística.

Rabat

La capital administrativa del país tiene una atmósfera cosmopolita y relajada que favorece el paseo y el descubrimiento. Tiene además un rico patrimonio que ofrece numerosos lugares que visitar: la fortaleza de los Udayas, la medina, el Mausoleo de Mohammed V o el impresionante Museo Arqueológico.

Casablanca

La capital financiera del país, y su ciudad más poblada, Casablanca es un excelente destino famoso por su arquitectura Art Deco, visible en elPalacio de las Naciones Unidas o el Bulevar de Mohammed V. Pero su principal atractivo sigue siendo la colosalMezquita de Hassan II, la segunda más grande del mundo después de la de La Meca. Como en todas las ciudades marroquíes, un paseo por su medina es también una actividad obligada.

Tanger y el Rift

Tánger es el principal puerto de entrada al país y tiene desde hace mucho tiempo un aire cosmopolita y bohemio, legado de los muchos escritores y pintores que han encontrado en esta ciudad su destino soñado (Pepys, Burroughs, Delacroix, Matisse…). La Plaza de Francia y la Plaza del Faro son el centro de su vida urbana, el zoco y la medina, paseos ineludibles.

Muy cerca está la ciudad de Tetuán, que tiene un fascinante zoco y una particular arquitectura, herencia de su rica historia. Y a los pies del Rift está el precioso pueblo de Chefchaouen –o simplemente Chaouen–, auténtico paraíso de calles y estrechas y colores blancos y azules.

Fez, Meknès y Volubilis

La ciudad más antigua de Marruecos, Fez, es también si capital cultural y espiritual, con un centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad. Fortalezas, mezquitas, madrazas, palacios, jardines, pórticos y zocos hacen de Fez una visita absolutamente obligada.

Y si fuera poco, en las cercanías está la fabulosa Meknès, antigua capital del país y verdadero museo al aire libre de bellezas arquitectónicas, y las ruinas romanas de Volubilis, unas de las mejor conservadas y más impresionantes de todo el Mediterráneo, así como la preciosa Moulay Idriss.

Marrakech

Entre el Atlas, el desierto y el océano se alza la ciudad roja de Marrakech, una plaza que creció como parada de comerciantes y caravanas y que es hoy el destino número uno del país. La Plaza Jemaa el-Fna, siempre ajetreada, es quizá el lugar más conocida de Marruecos, su zoco y su medina,con lugares tan impresionantes como el mezquita Kontoubia y el museo Dar Si Saïd, son visitas ineludibles.

Ouarzazate y el desierto

Más allá de las montañas el paisaje se cubre de dunas de arenas y ofrece nuevos atractivos: las impresionantes gargantas de Todra, las dunas de Erg Chebbi cerca de Merzuoga, verdes oasis y ciudades como Ouarzazate, que guarda unos famosos estudios cinematográficos.

Numerosas combinaciones ofrece Marruecos para el turista, si bien aquí, dado que las distancias casi nunca son excesivas, podemos ser ambiciosos y visitar los principales destinos si disponemos de entre dos y tres semanas para viajar.
El itinerario clásico es el que va de Fez a Marrakech, visitando entre medias, Meknés, Volubilis, Moulay Idriss, Rabat y Casablanca. El viajero que viene de España puede añadir unos días para iniciarlo desde el Norte, cruzando el estrecho de Gibraltar y desembarcando en Tánger para visitar Tetuán y Chefchaouen, y haciendo el retorno en avión desde Marrakech.

Una opción más completa, que nos puede llegar unas tres semanas, es utilizar Tánger como entrada y salida del país, haciendo un recorrido circular que nos lleve a Fez y de ahí al Atlas y al desierto, disfrutando unos días de los oasis y los paisajes de dunas, para girar hacia Ouarzazate y Marrakech y desde allí iniciar el retorno siguiendo la costa Atlántica, visitando Agadir, Casablanca y Rabat.
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Para entrar en Marruecos es necesario pasaporte en vigor por un mínimo de 3 meses. Los ciudadanos españoles no necesitan visado y tampoco se requieren vacunas obligatorias.