Francia

Europa

Francia es uno de los más destinos turísticos más visitados y conocidos del mundo. Viajeros de todas las procedencias la visitan cada año con la ilusión de descubrir algunos de los lugares más atractivos e icónicos del planeta –la Torre Eiffel, el Museo del Louvre, el Mont Saint Michel, los castillos del Loira, las playas de la Costa Azul–, y de conocer de primera mano un país que ha hecho de la elegancia, el buen gusto y la civilización su tarjeta de visita.

Las aportaciones de Francia a la literatura, el arte, el pensamiento, la cocina o la moda son tan atractivas como su inagotable colección de arquitectura, ciudades y paisajes. Al fin y al cabo este país es famoso no sólo por su belleza sino por su placentero modo de vida, su estilo, su joie de vivre.

París

Del Museo del Louvre a la Torre Eiffel, París es hogar de una multitud de museos y monumentos que pueden mantener a un viajero ocupado durante semanas. Pero el verdadero atractivo de la ciudad es mucho más que el de una colección de monumentos: su atmósfera elegante y especial y su enorme variedad de ambientes la convierten en un destino inolvidable al que siempre se desea volver. Lo mejor es centrarse en una serie de monumentos y conocer todos los barrios parisinos que sea posible. En cuanto a las excursiones, en las cercanías hay atractivos tan recomendables como el Palacio de Versalles o, para los más pequeños, el célebre parque de Disneyland.

El Valle del Loira

El río Loira atraviesa el corazón de Francia hasta desembocar en el Atlántico, y a lo largo de su recorrido ha ido generando un riquísimo y fértil valle que la historia ha llenado de espectaculares castillos y monumentos, de hermosos paisajes y viñedos. Muchos de estos castillos, que vivieron su apogeo durante el Renacimiento, fueron en su día decorados con pinturas de los mejores artistas del momento, como Leonardo de Vinci. Una ruta por el Loira no debería perderse Azay-le-Rideau, el Château d’Ussé, el Château de Chambord y los jardines de Villandry.

Normandía y el Mont Saint Michel

Los aficionados a la historia tienen un filón en Normandía, región bañada de batallas y guerras. En el siglo X fue invadida por los vikingos normandos, que tras conquistarla decidieron quedarse y le dieron su nombre. Durante más de cien años fue campo de batalla entre franceses e ingleses, y ya en el siglo XX fue el lugar del desembarco más importante de la Segunda Guerra Mundial. Muchos visitantes visitan Normandía únicamente para conocer los lugares del desembarco del Día D.

Pero hay mucho más que ver y hacer en Normandía. El Mont Saint Michel es uno de los iconos más conocidos del mundo, y en las cercanías es imprescindible acercarse a las preciosas ciudades de Rouen, Honfleur, Dauville, Caen y Trouville.

Los Alpes y el Valle del Ródano

Los aficionados a la naturaleza tienen en los Alpes francesas una visita obligada. Se alzan majestuosos desde el Mediterráneo al valle del Ródano, y cuentan con los mejores resorts de esquí de Europa: Charmonix-Mont Blanc es la capital del esquí alpino y hará las delicias de todos los aficionados a la alta montaña.

A tiro de piedra está el Valle del Ródano, región muchas veces ignorada en favor de la Riviera, pero que sorprende el visitante que se adentra con ciudades como Lyon –visita obligada para gourmets–, grandes castillos, ruinas romanas y el Gran Canyon de Francia.

Provenza y la Riviera

En la Provenza dejaron los griegos sus vinos, los romanos sus monumentos y los pintores impresionistas de finales del XIX sus cuadros y un consejo universal: ¡venid a la Provenza! Bañada de una luz especial, esta tierra está llena de encantadores pueblos escarpados en colinas, preciosos paisajes y ciudades históricas como Avignon y Marsella

A tiro de piedra está la Riviera Francesa, o Costa Azul, con sus espectaculares playas y elegantes ciudades como Cannes, Niza.

Del Languedoc al Atlántico: la ruta de los vinos

Languedoc
es un paraíso para los amantes del buen vino. Una región entre Montpellier, Nimes, Toulouse y Carcassone que está repleta además de impresionantes tesoros artísticos.

Lo mismo se podría decir de Burdeos y sus alrededores: una zona menos visitada pero repleta de viñedos y ejemplos fantásticos de arquitectura románica, gótica y renacentista, y hogar de una impresionante cocina.

Francia es tan abundante en posibilidades turísticas que conocerla en su totalidad en un solo viaje no debería entrar en los planes de nadie. Además, es mucho mejor detenerse a disfrutar de comidas, sabores y paisajes, que acelerar por querer conocerlo todo.
Con una semana se puede utilizar París como base de operaciones y hacer alguna escapada a Versalles, a la zona de Normandía y el Mont Saint Michel, o incluso al Valle del Loira, dejando tiempo suficiente para al menos conocer una buena parte de la capital.
Otra opción es optar por el sur y desde Marsella adentrarse en las regiones de la Provenza, el Languedoc y la Costa Azul. Aquí las posibilidades son infinitas y se disfrutarán sobre todo a principios y finales del verano.

En dos semanas se puede optar por unir ambos itinerarios o bien por profundizar en uno de ellos. A la opción parisina se le puede sumar unos días más en el Valle del Loira o un acercamiento al Noreste, a explorar las regiones de Borgoña y lar Ardenas, o incluso acercarse a la frontera alemana y conocer Alsacia, Lorena y la Selva Negra.

El sur de miles de opciones, sobre todo para gourmets de la cocina y el vino. Desde subir por el Ródano hasta Lyon, hasta asentarse hacia el Atlántico y conocer Burdeos y sus viñedos.

Y por supuesto, las combinaciones con otros viajes que exploren el Norte de España o de Italia, los Países Bajos, Inglaterra, Suiza y Alemania son infinitas.